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ARTE Y ESPECTÁCULOS

El viaje virtual de Bjork, de la desesperanza a la sanación

La muestra de realidad virtual de la cantante islandesa que se exhibe en la Usina del Arte propone una experiencia inmersiva de alto contenido emocional y visual

26/09/2017

Cómo transmitir su música y su visión del mundo y la humanidad ha sido una preocupación constante en la obra de la artista islandesa conocida como Björk. Y desde sus inicios punk en la fría Reikiavik hasta estos días, siempre ha buscado, y encontrado, una manera novedosa, espiritual, emocional y sensorial para hacerlo.

Tras la edición de su álbum, Vulnicura, en 2015, y coincidiendo con la retrospectiva dedicada a su obra montada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la cantante incursionó "en el circo privado que es la realidad virtual" y armó la experiencia VR "no sólo como una continuidad natural del video musical", sino como una forma de acercamiento más teatral e íntimo a este puñado de canciones que compuso con el corazón desgarrado, en medio de la tormenta emocional que significó la separación de su pareja, Matthew Barney.

Tras su paso por museos de Tokio, Barcelona, Reikiavik, Londres, México DF y Los Ángeles, entre otras ciudades, Björk Digital desembarcó este fin de semana en Buenos Aires. Así como Vulnicura funciona como una suerte de diario íntimo que registra el día a día desde el profundo dolor de la ruptura amorosa hasta la luminosa sanación final, la muestra, que se podrá visitar en la Usina del Arte hasta el 30 de diciembre, resume ese lapso en cinco salas, que se recorren a lo largo de 90 minutos, aproximadamente, y en grupos de dieciocho personas.

Sala 1. Cuando uno ingresa al predio armado debajo de la autopista Buenos Aires-La Plata, lo primero con lo que se encuentra es, en rigor, con una antesala a esta experiencia VR, compuesta por la aplicación educativa creada por Björk para su disco Biophilia, la misma que presentó aquí en 2012. En ella se conjugan naturaleza, música y tecnología. Allí, uno puede "jugar" un rato creando sonidos mientras se aprende la base de conceptos más o menos complejos como "materia oscura", "fases lunares", "relámpagos y cargas eléctricas" o "la estructura del ADN".

Sala 2. Luego de quince minutos explorando Biophilia, entonces sí aparecen los cascos de realidad virtual apoyados sobre las banquetas que giran en 360° para poder moverse a gusto mientras se experimenta "Black Lake", la pieza central de Vulnicura. "Aquí Björk quiso que ustedes se acerquen a la intensidad del dolor que sintió en el momento más difícil de su separación", explica uno de los guías (cada sala tiene el suyo, entrenado en björkología). Esta primera experiencia inmersiva, creada por el director Andrew Thomas Huang, lo ubica a uno en el centro de la escena, dentro de una cueva natural en las montañas islandesas, mientras Björk desganita, a un lado y otro de tu casco, su lamento claustrofóbico.

Sala 3. Cuesta despabilarse del oscuro y conmovedor impacto de diez minutos de duración de "Black Lake", pero una vez sentado en el siguiente espacio, inmerso otra vez en el mundo VR, la cantante ofrece una especie de concierto privado para el "usuario", en el ventoso atardecer de una remota playa de Islandia. En "Stonemilker VR" Björk canta para vos, susurra a tu lado, te rodea y te regala en primerísimo primer plano su rostro de duende mientras suplica eso de "mostrame respeto emocional".

Sala 4. En este punto, uno ya empieza a acostumbrarse a la situación "realidad virtual", pero la posibilidad de introducirse directamente en la boca de Björk en el clip 360 "Mouthmantra VR" lleva el asunto a un nuevo nivel. Casi pegado, "Quicksand VR" reinicia la experiencia y una Björk enmascarada con una pieza para la cabeza impresa en 3D por Neri Oxman, te lleva de paseo por una galaxia multicolor. Ahora sí, en el abismo mismo de la realidad virtual, uno comprende que el proceso de sanación está en marcha.

Sala 5. La última estación está dividida en dos partes, ambas protagonizadas por un brillante avatar de la cantante: "Notget VR", en donde uno siente que casi puede abrazar ese cuerpo lumínico de tamaño real, y la espectacular "Family VR", síntesis perfecta de la metáfora que lleva intrínseco este viaje, de la desesperanza al empoderamiento, con una Björk que deja que cierres la herida de su corazón (uno utiliza aquí también unos controles para mover sus manos virtuales) para luego crecer hasta convertirse en una diosa monumental, que marcha decidida hacia una etapa espiritual más elevada.

La sonrisa y el regocijo final son instantáneos e inevitables.

FUENTE: DIARIO LA NACION